Creo que en la vida de cualquier persona llega un momento en el que se cuestiona todo. Todo lo que ha vivido, todo lo que valoraba, los principios que le han sido inculcados desde pequeño, todo lo que no se le ha enseñado bien, aquellas cosas con las que está conforme cuando no debería estarlo, todas las oportunidades que ha dejado escapar, todas las decisiones que podrían haber cambiado las cosas. En definitiva, te lo replanteas todo, incluso tu propia felicidad, aquella que yo pensaba intocable.
Creo que ha llegado ese momento en vida.
Durante mis 18 años (y 14 días si puedo puntualizar) siempre he sido muy consciente de que había algo que no era normal en mi. Siempre he sido consciente de que había un problema. Y pese a todo el tiempo que ha pasado, siento que mi problema sigue siendo el mismo que hace 10 años. Y que, pese a que he intentado enfocarlo de distintas maneras siempre termino igual, haciéndome daño a mi misma. Sigo sin encontrar la solución a este problema. En realidad, sigo sin saber cual es el problema en sí. (¿Y si el problema es mi mera existencia?)
Por eso he construido una muralla. Al contrario de como muchos piensan no, no me he vuelto más dura. Soy lo más blandengue que te puedes echar a la cara. Es una muralla de felicidad, o de "felicidad". He aprendido a poner la otra mejilla, a tener mi sonrisa siempre disponible pasa lo que pase, a mirar el lado bueno de las cosas y ser todo lo positiva y optimista que he podido ser. De otro modo estaría destruida.
Pero esa muralla de "felicidad" está medio hueca. Hay cosas en mi interior que siguen surgiendo, que siguen reaccionando. No son sentimientos de odio hacia otros. Son sentimientos de odio hacia mí misma.
"Don't ever let other people decide for you who you will be. You have stardust in your spine and veins that flow with galaxies. A whole universe resides inside your body and no one dares to tell a universe what it can and cannot be." Nikita Gill.
lunes, 14 de diciembre de 2015
lunes, 13 de julio de 2015
Como decirte...
Como decirte que, pese a que te conozco desde hace poco, me pareces unas de las personas más interesantes del mundo y podría escucharte hablar, contando tus historias, horas y horas. Como decirte que me pareces inspirador y creo que deberías de ser el ejemplo para todos. Como decirte que mi cabeza estalla de felicidad al pensar en ti, pero también nace una tormenta al pensar que no podré estar junto a ti. Como decirte que soy una estúpida a la que no le cuesta nada quedarse pillada por chicos en circunstancias extraordinarias y que por culpa de mi propia estupidez ya estoy emparanoiandome de nuevo. Como decirte que me encantaría volver a verte hoy, que me encantaría volver a abrazarte y que me encantaría que te fijaras en mi. Como decirte que estoy enfada conmigo misma por sentirme así en este momento, y sentirme mal al pensar que tu no piensas en mi y tu mente está en otra persona. Pero no te puedo culpar de nada. No pueda odiarte, no, porque tú no eres el responsable de que lo que otras personas sienten. No eres responsable de mi. Aquí me he metido yo solita.
Pero de verdad me gustaría que nuestras vidas se cruzaran de nuevo. Que algún día vuelva a abrazarte, y vuelvas a contarme tus historias. Que algún día sientas interés por mi y yo pueda decirte todo lo que mi cerebro intenta reprimir. Ojalá que algún día pueda liberar lo que siento, y no tenga que guardarlo en mi, intentando suavizar tu recuerdo para que mi corazón no se haga ilusiones y yo no sufra innecesariamente. Ojalá algún día deje de ser tan tonta.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
